Reflexiones sobre la situación actual
de la música en Galicia (2023)
Los músicos de la tierra han sufrido siempre una gran falta de oportunidades y esto ha obligado a emigrar tanto a compositores como a directores e intépretes. Y ello a pesar de contar en Galicia con dos orquestas profesionales que no han dado cabida a nuestros músicos, sino que han conformado plantillas básicamente formadas por músicos extranjeros. Una vez más se ve que las cosas no han cambiado tanto, a pesar de los años transcurridos. Hoy podemos constatar que hay más de 50 conservatorios, entre públicos y privados, dos orquestas sinfónicas, bandas, coros y escuelas de música repartidos por toda la comunidad. A pesar de ello, la mayoría de los músicos gallegos siguen sin poder dirigir, tocar o estrenar sus obras con las orquestas de nuestro país, en las que se invierte tanto dinero público. Ello es debido a la falta de una planificación dirigida a potenciar el tejido musical gallego, en la que deberían estar coordinadas las más altas instituciones culturales. Habría que anteponer los intereses culturales de nuestro país por encima de otros criterios en los que no cabe, evidentemente, el apoyo a nuestros músicos.
Por otro lado, se comprueba día a día que algo no va bien y que estas formaciones profesionales no son capaces de atraer a un público joven o de mediana edad. A pesar de los 30 años transcurridos desde su fundación, no han logrado incluir a la sociedad gallega en su proyecto. A través de un gran despliegue publicitario, han intentado patrimonializar todos los logros de la evolución de nuestra educación musical a través de estrenos que realizan para cubrir el expediente, conciertos didácticos, encuentros de la joven orquesta, coros y orquestas de niños. Ya solo falta la formación de la orquesta de la tercera edad, que todos se andará.
Pero ese mérito que pretenden atribuirse en exclusiva, también se lo debemos reconocer a los profesores, directores y compositores de las escuelas de música repartidas por todo el país, los coros y las bandas de música, y la práctica orquestal llevada a cabo en los conservatorios. Sin olvidar las orquestas sinfónicas amateur que, prácticamente sin ayudas económicas, son capaces de ilusionar e implicar a músicos y público de distintas generaciones para llevar adelante sus conciertos y proyectos pedagógicos.
¿Qué sería de nuestro país en el terreno de la música clásica sin todo este potencial de personas y de entidades musicales repartidas por todas partes? Han sido ellos los que mantuvieron y mantienen viva la llama y la vida musical con un esfuerzo heroico, muchas veces altruista, en cada rincón de nuestra comunidad, dedicando horas y horas de trabajo por amor a la música para inculcar a nuestras gentes el disfrute, la educación y la práctica musical.
A todos estos músicos gallegos o de otras regiones implicados en nuestra educación, del presente y del pasado, hay que reconocerles el mérito y agracecerles la dedicación sin acaparar grandes titulares. Debido a ellos tenemos lo que tenemos en Galicia. Nadie debería apropiarse de un plumazo del mérito y el buen hacer cultural, por mucho presupuesto para publicidad del que dispongan algunos para defender públicamente sus intereses y su permanencia.